lunes, 26 de mayo de 2014

CAPITULO 193



Valentin se sentó a mi lado sobre un pequeño banco que se encontraba en la habitación. Una habitación que si bien era pequeña estaba muy bien iluminada. Esta sería la primera ocasión en la que no saldría del sótano de algún lugar clandestino para ofrecer el espectáculo que causaba una pelea callejera. El público esta vez estaría compuesto por las personas que vivían en la sombra, en la gran ciudad de Las Vegas: mafiosos, traficantes de drogas, y con ellos, sus dulces acompañantes. La multitud afuera se asemejaba a un oscuro ejército, más ruidoso y mucho más sediento de sangre. Estaría rodeado por una jaula y no por personas.


—Sigo creyendo que estás equivocado al participar en esto, Pepe —demandó Ro, de pie al otro lado de la habitación.


—Ahora no, cariño —le contestó Valentin, mientras me ayudaba a envolver la cinta adhesiva, a modo de protección, alrededor de mis manos.


—¿Estás nervioso? —La voz de Ro resonó nuevamente por el lugar, de una forma que resultó escalofriantemente tranquila.


—En realidad no. Pero me sentiría mejor si Paloma estuviera aquí. ¿Sabes algo de ella?


—Le enviaré un mensaje. Ella llegará.



—¿Lo ama? —pregunté, imaginándome diferentes escenarios sobre qué fue lo que hablaron durante la cena.

Obviamente Guille no era un santo, y no podría asegurar que no esperase nada a cambio de ayudar a mi chica.


—No —respondió tajantemente Ro—Paula nunca me lo diría, de cualquier forma. Crecieron juntos, Pedro. Él fue la única persona con la que ella pudo contar. Lo fue durante mucho tiempo.


No puedo decir si conocer esta información me hizo sentir mejor o peor. — ¿Te contestó el mensaje?


—¡Oye! ¡Oye! Tienes a Brock McMann esperándote. Tu cabeza tiene que estar enfocada en la pelea al cien por ciento. ¡Deja de ser un cobarde y concéntrate!—exclamó Valen, golpeando mi mejilla en el proceso.


Asentí, tratando de recordar las pocas veces que había visto luchar a Brock.
Había sido expulsado de la UFC por golpes ilegales y el rumor de haber golpeado al presidente de la compañía. Había pasado mucho tiempo, pero seguía siendo un
luchador a leguas sucio y cometió mucha mierda ilegal. Mientras el árbitro era un testigo impasible. La clave sería no ponerse en posición de debilidad. Si cerraba sus piernas alrededor de mí, podría acabar conmigo bastante rápido.


—Vamos a jugar seguro, Pepe. Déjale atacar primero. Del modo en el que luchaste la noche en la que tratabas de ganar la apuesta de Paula. No estás en una pelea de un torneo universitario. Esto no es el Círculo, y no estás creando espectáculo para la audiencia.


—Al infierno si no lo estoy.


—Tienes que ganar, Pedro. Estás luchando por Paula, no lo olvides. —Asentí. Valentin tenía razón. Si perdía, Benny no recibiría su dinero, y Paula permanecería en peligro.


Un hombre alto y gordo con traje de diseñador y pelo grasiento caminó hacia nosotros. —Tú vas arriba. Tu entrenador puede unirse a ti en la parte exterior de la jaula, pero las chicas... ¿Dónde está la otra?


Mis cejas se fruncieron, formando una línea recta. —Ya viene.


—De acuerdo, entonces... se han reservado plazas al final de la segunda fila en la esquina para las acompañantes.


—Te acompañaré allí —exclamó Valen dirigiéndose a Ro, miró al hombre de traje—. Nadie la toca. Voy a matar a la primera puta persona que se atreva a tocarla.


El hombre esbozó lo que podría considerarse el fantasma de una sonrisa.


Una horrible mueca la describiría mejor. —Benny ha dicho sin distracciones.Vamos a tener los ojos puestos en ellas en todo momento.


Valentin asintió, y luego le tendió la mano a Rosario. Ella la tomó, y tranquilamente nos siguió a través de la puerta.


La voz amplificada de los locutores resonó en los enormes altavoces colocados en cada esquina de la enorme habitación. Se parecía a una pequeña sala de conciertos, con capacidad para albergar a un millar de personas sin problema alguno. Todos los asistentes estaban de pie, ya sea animándome o lanzando miradas de recelo mientras hacía mi recorrido hacia el centro, en el escenario dispuesto para el enfrentamiento.


La puerta de la jaula se abrió y entré.


Valentin observaba al del traje sentar a Rosario en el extremo que anteriormente había mencionado, una vez que se convenció de que ella estaba bien, volvió su vista hacia mí. —Recuerda: juega inteligentemente. Déjale atacar primero. El objetivo es ganar. Ganar por Paula—Asentí. Esto se trataba de ella.


Segundos después, la música sonó por los altavoces, y tanto el movimiento en el recinto como el volumen de la música aumentaron con frenesí. Brock McMann surgió de un pasillo, siendo el centro de atención. Las vigas del techo
iluminaban la expresión de peligro en su rostro. Tenía un séquito que mantenía a los espectadores a una distancia prudente, mientras él brincaba de abajo hacia arriba para permanecer suelto. Probablemente habría estado entrenando para esta pelea durante semanas, meses quizás.


Estaba bien. Había sido golpeado por mis hermanos durante mucho tiempo,mi vida entera. Tenía un montón de entrenamiento sobre mis hombros. Ganaría.


Me volví para comprobar que Ro siguiera en su sitio. Cuando se dio cuenta de que la miraba, se encogió de hombros y frunció el ceño. La pelea más grande de mi vida estaba a pocos minutos de comenzar y Paula no estaba aquí.


Justo cuando me volví para ver como Brock entraba a la jaula, oí la voz de Valentin llamándome.


—¡Pedro! ¡Pedro! ¡Paula está aquí!


Me volví, buscándola desesperadamente entre los asistentes, corría por las escaleras a toda velocidad. Se detuvo justo antes de golpearse contra la jaula,golpeándose las manos contra la cadena para detenerse.


—¡Aquí estoy! Aquí estoy, Pepe —suspiró con dificultad por el esfuerzo realizado.


Nos besamos a través del espacio entre las paredes de la jaula, tomó mi cara entre sus manos, con los pocos dedos que podía pasar a través del reducido espacio. —Te amo —exclamó. Sacudió la cabeza vigorosamente—. No tienes que hacer esto, ya sabes.


Sonreí. —Sí tengo que hacerlo.


—Vamos, Romeo. Hagámoslo. No tengo toda la noche —se escuchó un susurro desagradable. Provenía de Brock, quien estaba en la esquina contraria del ring.


No me giré, sólo la miraba a ella. Pero Paula sí que miró por encima de mi hombro. Cuando vio a mi oponente, sus mejillas se encendieron por la ira. Su expresión se volvió fría. Menos de un segundo después, sus ojos volvieron a los míos, cálidos nuevamente. Sonrió con picardía. —Enséñale a ese imbécil algunos modales.


Guiñé un ojo en su dirección y sonreí. —Cualquier cosa por ti, nena.


Brock se reunió conmigo en el centro del ring, cara a cara.


—¡Pelea con inteligencia! —gritó Valentin.


—Sólo quiero que sepas que soy un gran fan tuyo, aunque seas una basura, un tramposo. Así que no te tomes como algo personal cuando te golpee hasta dejarte inconsciente esta noche —susurré en el oído de mi contrincante, inclinándome levemente hacia él.


La mandíbula de Brock se tensó violentamente; sus ojos se encendieron, no con ira, sino con aturdida confusión.


—¡Sé inteligente, Pedro! —gritó mi primo nuevamente, observando la diversión fluir en mis ojos.


La campana sonó, y Brock atacó inmediatamente. Usando cada pedazo de fuerza que poseía, dejé salir la misma cantidad de furia que liberé sobre los hombres de Benny.


Resulta ser una sensación extraordinaria el no contenerse. Saboreando la adrenalina pura que fluía a través de mi cuerpo fallé. Y Brock logró esquivar mi golpe, me conectó con un gancho derecho. Sus lanzamientos resultaban mucho más efectivos que los de los aficionados con los que me enfrentaba en la universidad. Fue jodidamente increíble.


La lucha contra Brock me trajo recuerdos de algunos de los desacuerdos más serios que había tenido con mis hermanos,cuando de las palabras pasábamos a un culo azotado.


La cinta blanca alrededor de mis nudillos ahora era carmesí, pero no sentí ningún dolor, sólo placer al liberar todas las emociones negativas que me habían estado agobiando durante tanto tiempo. Recordé lo relajante que fue golpear a los hombres de Benny. Ganar o perder. Sentía ganas de conocer en qué tipo de persona me convertiría después de esta pelea.


El árbitro, Valentin y el entrenador de Brock me rodearon, alejándome de mi oponente.


—¡La campana, Pedro! ¡Para! —pedía Valen con desesperación.


Me arrastró a un rincón, Brock fue empujado hacia el otro. Me volví para mirar a Paula. Estaba retorciendo sus manos, más su amplia sonrisa me dijo que estaba bien. Le guiñé un ojo, ella me lanzó un beso. Ese simple gesto me revitalizó y volví a la jaula con renovada determinación.


Una vez que la campana sonó, ataqué de nuevo. Esta vez teniendo más cuidado al esquivar los golpes de Brock, las pocas veces que logró conectar un puñetazo. Una o dos veces, envolvió sus brazos alrededor de mí, respirando con dificultad, mientras trataba de golpearme con las rodillas en las bolas.Simplemente le empujaba y le golpeaba con más fuerza.


En la tercera ronda, Brock se tambaleó, me dio patadas y falló. Se estaba quedando rápidamente sin aliento.


Brock lanzó un puñetazo, y luego otro. Bloqueé un tercero, y luego para terminar, se lanzó a matar. Con las pocas fuerzas que me quedaban, esquivé la rodilla de Brock y giré, estrellando mi codo directamente con su nariz. Su cabeza voló hacia atrás, su vista hacia arriba. Dio unos pasos sin coordinar y luego cayó al suelo.


El ruido de la multitud fue ensordecedor, sólo pude oír una voz.


—¡Oh dios mío! ¡Sí! ¡Sí, bebé! —gritó ella.


El árbitro comprobó que Brock estuviese bien, luego se acercó a mí. Levantó mi mano. Yo era el ganador.Valentin, Rosario y Paula estaban ya dentro de la jaula, rodeándome. Tomé a Paula por los hombros y planté mis labios en los de ella.


—Lo hiciste —dijo, ahuecando mi cara entre sus manos.


Nuestra celebración se vio interrumpida cuando Benny y un nuevo lote de guardaespaldas entraron en la jaula. Puse a Paula sobre sus pies, tomando una posición defensiva frente a ella.


Benny era todo sonrisas. —Bien hecho, Alfonso. Has salvado el día. Si tienes un minuto, me gustaría hablar contigo.


Miré de nuevo a Paula, tomó mi mano con fuerza. —Está bien. Nos encontraremos en la puerta —le contesté, asintiendo hacia la puerta más cercana—.En diez minutos.


—¿Diez? —preguntó Paloma con preocupación en sus ojos.


—Diez —dije, besándola en la frente. Miré a Valentin—. Mantén tu vista en ellas.


—Creo que tal vez debería ir contigo.


Me apoyé en Valentin, alcanzando su oído sin esfuerzo. —Si quieren matarnos no hay mucho que podamos hacer al respecto. Creo que Benny tiene algo más en mente. —Me incliné hacia atrás y le di una palmada en el brazo—. Te veré en diez minutos.


—Ni once. Ni quince. Diez minutos —dijo Valentin, empujando a una reacia Paula fuera del lugar.


Seguí a Benny a la misma habitación en la que había esperado antes de la pelea. Para mi sorpresa, hizo que sus hombres esperaran afuera.


Extendió las manos, haciendo un gesto hacia la habitación. 


—Pensé que esto sería mejor. Así puedes ver que no soy siempre... el hombre malo que tal vez parezco.


Su lenguaje corporal y su tono eran relajados. Aun así mantuve mis ojos y oídos abiertos preparados por cualquier sorpresa.


Benny sonrió. —Tengo una propuesta que hacerte, hijo.


—No soy tu hijo.


—Eso es cierto —admitió—. Pero después de que te ofrezca ciento cincuenta mil dólares por pelea, creo que es posible que desees serlo.


—¿Qué peleas? —pregunté. Pensé que iba a decir algo cómo que Paula todavía le debía. No tenía ni idea de que trataba de ofrecerme trabajo.


—Se ve a la distancia que eres obviamente un joven victorioso y talentoso.Perteneces a esa jaula. Puedo hacer que eso suceda... también puedo hacer que seas un hombre muy rico.


—Estoy escuchando.


Benny sonrió más, si es que era posible. —Voy a programar una lucha por mes.


—Todavía estoy en la universidad.


Se encogió de hombros. —Vamos a programar peleas en los alrededores. Te compraré vuelos, a ti y a Paula, en primera clase, si así lo quieres. Los fines de semana, si eso es lo que deseas. Sin embargo, haciendo tanto dinero, es posible que desees poner un alto en tu educación universitaria.


—¿Seis figuras por pelea? —Hice los cálculos mentalmente, tratando de no mostrar sorpresa—. ¿Por luchar y qué más?


—Eso es todo, chico. Sólo luchar. Hacerme aún más rico.


—Sólo luchar... y puedo salir cuando quiera.


Él sonrió. —Bueno, sí, pero no creo que eso suceda pronto. Te encanta. Te vi.Estabas borracho, extasiado. Así te veías en esa jaula.


Me quedé allí por un momento, reflexionando sobre su oferta. —Voy a pensarlo. Déjame hablar con Paula.


—Supongo que es lo justo.


Dejé nuestras maletas en la cama y me derrumbé sobre ella. Le había hablado de la oferta de Benny a Paula, no se había mostrado receptiva con la noticia.


Luego en el avión, cuando veníamos de regreso, estuvo un poco tensa, por lo que decidí aplazar la conversación para cuando llegáramos a casa.


Ella estaba secando a Moro después de haberlo bañado. Había estado viviendo con Benjamin. Paloma se indignó por la forma en la que olía.


—¡Oh! ¡Ahora hueles mucho mejor! —Rio mientras lo estrechaba contra su cuerpo, salpicando agua sobre ella y por todo el suelo. Moro se puso de pie sobre sus patas traseras, cubriéndole el rostro con pequeños besos, propios de un cachorro.


—Yo también te extrañé, hombrecito.


—¿Paloma? —pregunté, cruzando mis dedos nerviosamente.


—¿Sí? —dijo, aun frotándolo con una toalla amarilla en sus manos.


—Quiero hacer esto. Quiero pelear en Las Vegas .


—No —dijo, sonriendo a la cara feliz de Moro.


—No me estás escuchando. Voy a hacerlo. Y en pocos meses verás que tomé la decisión correcta.


Ella me miró.


—Vas trabajar para Benny.


Asentí nerviosamente y luego sonreí. —Sólo quiero cuidarte, Paloma.


Lágrimas anegaron sus ojos.


—No quiero nada comprado con ese dinero, Pedro. No quiero tener nada que ver con Benny o Las Vegas. O cualquier cosa que vaya junto con él.


—No tienes ningún problema con la idea de comprar un coche con el dinero de mis peleas aquí.


—Eso es diferente, y lo sabes.


Fruncí el ceño.


—Vamos a estar bien, Paloma. Ya lo verás.


Me miró por un momento, y luego sus mejillas se encendieron. —¿Por qué me sigues preguntando, Pedro? Trabajarás para Benny sin importar lo que te diga.


—Quiero tu apoyo en esto, es demasiado dinero como para rechazarlo. Sería una locura decir que no.


Se detuvo por un tiempo, sus hombros cayeron derrotados. Luego asintió.
—Está bien, entonces. Has tomado tu decisión.


Mi boca se estiró en una amplia sonrisa.


—Ya verás, Paloma. Será maravilloso.


Me empujé fuera de la cama, me acerqué a ella y le besé los dedos.


—Muero de hambre. ¿Y tú?


Negó suavemente con la cabeza.


La besé en la línea del cabello antes de ir a la cocina. Mis labios tararearon la alegre melodía de una canción al azar, mientras que cogía dos rebanadas de pan y un poco de salami y queso. Hombre, ella hace que te pierdas, pensé, echando mostaza picante entre las rebanadas de pan.
Me tomó cerca de tres bocados terminarlo, y luego lo bajé con una cerveza, preguntándome qué más había para comer. No me di cuenta de lo tenso que mi cuerpo se sentía hasta que habíamos llegado a casa. Aparte de la lucha, los nervios probablemente también tenían algo que ver con eso. 

Ahora que Paula sabía de mis planes y que se había resuelto el problema, los nervios se fueron lo suficiente como para tener apetito de nuevo.


Paula caminó por el pasillo y luego dobló la esquina, maleta en mano. No me miró cuando cruzó de la sala de estar a la puerta.


—¿Paloma? —llamé.


Me acerqué a la puerta aún abierta, viéndola acercarse al Honda de Rosario Cuando no respondió, corrí por las escaleras y por la hierba hasta donde Valentin,Rosario y Paula formaban un círculo.


—¿Qué estás haciendo? —pregunté, señalando la maleta.


Paula sonrió con torpeza. Fue inmediatamente obvio para mí saber que algo no estaba bien.


—¿Paloma?


—Estoy llevando mis cosas a Morgan. Tienen esas lavadoras y secadoras.


Tengo una enorme y ridícula cantidad de ropa que lavar.
Fruncí el ceño.


—¿Ibas a irte sin decírmelo?


—Ella regresará, Pepe. Eres tan malditamente paranoico a veces —dijo Rosario con desaprobación en su voz.


—¡Oh! —dije, todavía sin estar seguro.


—¿Te quedas aquí esta noche?


—No lo sé. Supongo que depende del tiempo que tarde mi ropa en estar lista.


Aunque sabía que era probable que todavía estuviera incómoda con mi decisión acerca de Benny, lo dejé pasar. Sonreí y la atraje hacia mí.


—En tres semanas, voy a pagar a alguien para que se ocupe de ello. O podrías simplemente tirar la ropa sucia y comprar nueva.


—¿Lucharás para Benny otra vez? —me preguntó Ro, sorprendida.


—Me hizo una oferta que no podía rechazar.


—Pedro… —comenzó Valentin.


—No empiecen nuevamente. Si no cambié de opinión por Paloma, no voy a cambiarla por ustedes.


Rosario cruzó una mirada con Paula.


—Bueno, te llevaré de vuelta Paula. Ese montón de ropa te va a llevar mucho tiempo.


Me incliné para besar los labios de Paula. Me atrajo y me besó con fuerza, lo que me hizo sentir un poco mejor acerca de ella. Un poco menos inquieto.


—Hasta luego —dije, manteniendo la puerta abierta mientras se sentaba en el asiento del pasajero—. Te amo.


Valentin levantó la maleta de Paula y la metió por la ventana trasera del Honda. Rosario se deslizó en su asiento, estirándose para abrochar su cinturón de seguridad.


Cerré la puerta de Paula, y luego crucé los brazos sobre el pecho.


Valentin estaba a mi lado.


—En realidad, no vas a luchar para Benny, ¿verdad?


—Es mucho dinero, Valentin. Seis cifras por pelea.


—¿Seis cifras?


—¿Podrías decir que no?


—Lo haría si Rosario me dejara por eso


Me reí una vez.


Paula no me va a dejar.


Rosario se retiró de la zona de estacionamiento y vi las lágrimas derramarse por las mejillas de Paula.


Corrí hacia la ventana, golpeando en el cristal.


—¿Qué pasa, Paloma?


—Adelante, Ro —articuló, secándose los ojos.


Corrí al lado del coche, golpeando mi mano contra el vidrio constantemente.


Paula no me miraba, y un terror absoluto caló en mis huesos.


—¡Rosario! ¡Detén el maldito auto! ¡Paula, no lo hagas!


Rosario llegó a la carretera principal y presionó el acelerador.

CAPITULO 192



Benny estalló en una carcajada ruidosa. —Tengo que admitirlo, hijo. Tienes las bolas más grandes que cualquier persona que ha atravesado esas puertas. Te prepararé para lo que estás punto de enfrentar. El chico grande de la derecha es David, y si no puede liquidarte con sus puños, va a usar el cuchillo que tiene en su funda. El hombre de la izquierda es Dane, y es mi mejor luchador. Tiene una pelea mañana, sólo para que sepas, nunca pierde. Te importaría si no lastimas tus manos, Dane, tengo un montón de dinero en ti.


Dane me sonrió con ojos salvajes y divertidos. —Sí, señor.


—¡Benny, para! ¡Puedo conseguirte el dinero! —gritó Paula.


—Oh no… esto se va a poner bastante interesante. —Benny se echó a reír,recostándose en su asiento.


David corrió hacia mí. Era torpe y lento, y antes de que tuviera la oportunidad de alcanzar su cuchillo, lo incapacité, empujando su nariz hacia abajo en mi rodilla. Entonces le di dos golpes en su miserable rostro. Sabiendo que esto no era una pelea de sótano, y que estaba luchando para sacarnos a Paula y a mí con vida, puse todo lo que tenía en cada golpe. Se sentía bien, como si todos los trozos de ira reprimida dentro de mí finalmente se les permitían una salida. Dos golpesmás y un codo más tarde, David estaba tumbado en el suelo en un charco de sangre.


La cabeza de Benny se echó hacia atrás, riendo histéricamente y golpeando el escritorio con el deleite de un niño viendo dibujos animados los sábados por la mañana. —Muy bien, ve por él, Dane. No te asustó, ¿cierto?


Dane se acercó a mí con más cuidado, con el enfoque y la precisión de un luchador profesional. Su puño voló a mi cara, pero me hice a un lado, embistiendo mi hombro con él en toda mi fuerza. Tropezamos atrás juntos, y caímos sobre el escritorio de Benny.


Dane me agarró con sus dos brazos, arrojándome al suelo. Él era más rápido de lo que había anticipado, pero no lo suficiente rápido. Nos enfrentamos en el suelo por un momento mientras ganaba tiempo consiguiendo un buen agarre, pero Dane ganó terreno, colocándose para poner un par de golpes sobre mí mientras estaba atrapado debajo de él en el suelo.



Agarré los testículos de Dane y los retorcí. Le sorprendió y gritó, deteniéndose el tiempo suficiente para obtener ventaja. Me arrodillé sobre él,agarrándolo por su largo pelo, golpeándolo puño tras puño en un lado de su cabeza. La cara de Dane se estrelló contra la parte delantera del escritorio de Benny con cada golpe, y luego se puso de pie, desorientado y sangrando.


Lo miré por un momento, y luego volví a atacar, dejando a mi rabia fluir a través de mí con cada golpe. Dane se escabulló una vez y aterrizó sus nudillos en mi mandíbula.


Pudo haber sido un luchador, pero Mateo golpeaba mucho más duro que él. Esto iba a ser su pastel.


Sonreí y levanté mi dedo índice. —Esa fue tu oportunidad.


La risa desenfrenada de Benny llenó la habitación mientras terminaba con su matón. Mi codo aterrizó en el centro de la cara de Dane, dejándolo inconsciente antes de caer al suelo.


—¡Eres asombroso! ¡Simplemente asombroso! —dijo Benny, aplaudiendo con alegría.


Inmediatamente agarré a Paula, tirando de ella detrás de mí cuando Josiah atravesó la puerta con su cuerpo masivo.


—¿Debería encargarme de esto, señor? —preguntó Josiah. Su voz era profunda pero inocente, como si él sólo estaba haciendo el único trabajo en el que era bueno, y no verdaderamente el deseo de hacer daño a ninguno de nosotros.

—¡No! No, no… —dijo Benny, todavía aturdido por la improvisada actuación—. ¿Cuál es tu nombre?


—Pedro Alfonso —dije entre jadeos. Me limpié la sangre de Dane y de David de mis manos y en mis jeans.


—Pedro Alfonso, creo que puedes ayudar a que tu pequeña novia se salga de éste problema.


—¿Cómo? —resoplé.


—Se suponía que Dane pelearía mañana en la noche. Tenía un montón de dinero en él, pero parece que Dane no estará en forma para ganar la pelea. Te sugiero que tomes su lugar, haz un fajo de billetes para mí y perdonaré los cinco mil dólares faltantes de la deuda de Ruben.


Me volví hacia Paula —¿Paloma?


—¿Estás bien? —me preguntó, limpiando la sangre de mi cara. Mordió su labio, su cara arrugándose alrededor de su boca. Sus ojos se llenaron de lágrimas.


—No es mi sangre, bebé. No llores.


Benny se puso de pie. —Soy un hombre ocupado, hijo. ¿Estás dentro o no?


—Lo haré —dije—. Dime cuándo y dónde y estaré ahí.


—Estarás peleando contra Brock McMann. No es un oponente fácil. Fue excluido de la UFC el año pasado.


Conocía su nombre. —Sólo dime dónde tengo que estar.


Benny me dio la información, luego la sonrisa de tiburón se dibujó en su rostro. —Me gustas, Pedro Alfonso. Creo que seremos buenos amigos


—Lo dudo —dije. Abrí la puerta para Paula y sostuve una postura protectora a su lado hasta que llegamos a la puerta principal.


—¡Jesucristo! —gritó Rosario al ver la sangre salpicada cubriendo mi ropa—. ¿Están bien? —Agarró los hombros de Paula y examinó su rostro.


—Estoy bien. Tan sólo otro día en la oficina. Para ambos —dijo Paula,secándose los ojos.


Con su mano en la mía, nos dirigimos al hotel, con Valentiny Rosario siguiéndonos.


La única persona que parecía darse cuenta de mi ropa manchada de sangre fue el chico en el ascensor.


Una vez que todos estábamos de vuelta en mi habitación y de Paula, me desnudé y me metí en el baño para lavar la corrupción de mí.


—¿Qué diablos pasó ahí? —preguntó finalmente Valentin.


Podía oír sus voces susurrantes mientras estaba bajo el agua, recordando la última hora. Tan difícil como fue ver a Paula estar tan cerca del verdadero peligro, se sentía jodidamente increíble atacar a los dos matones de Benny, David y Dane.


Era como la mejor droga que existe.


Me pregunté si se habían levantado, o si Benny acababa de arrastrarlos fuera y los había dejado en un callejón.
Una extraña calma se apoderó de mí. Aporrear a los hombres de Benny era una salida para cada parte de ira y la frustración que había acumulado a lo largo de los años, y ahora casi me sentí normal.


—¡Lo voy a matar! Voy a matar a ese hijo de perra —gritó Rosario.


Cerré la ducha y até una toalla a mi cintura.


—Uno de los chicos que eliminé tenía una pelea mañana en la noche —dije a Valentin—. Tomaré su lugar y en recompensa Benny perdonará los últimos cinco mil dólares que Ruben debe.


Rosario se puso de pie. —¡Esto es ridículo! ¿Por qué estamos ayudando a Ruben, Paula? ¡Te lanzó directo a los lobos! ¡Lo voy a matar!


—No si yo lo mato primero. —Ardía de rabia.


—Tranquilízate —dijo Paula.


Valentin se movió nerviosamente. —¿Entonces pelearás mañana?


Asentí una vez. —En un lugar llamado Zero. A las seis en punto. Es Brock McMann, Valen.


Valentin negó con la cabeza. —De ninguna manera. De ninguna jodida manera,Pepe. ¡El tipo es un maniático!


—Sí —dije—, pero él no está peleando por su chica ¿cierto? —Tomé a Paula en mis brazos, besando la cima de su cabello. Todavía estaba temblando—. ¿Estás bien, Paloma?


—Esto está mal. Esto está mal en muchos niveles. No sé con quién de ustedes debo hablar primero para dejar esto.


—¿Me viste esta noche? Voy a estar bien. He visto a Brock pelear antes. Es fuerte, pero no invencible.


—No quiero que hagas esto, Pepe.


—Bueno, no quiero que vayas a cenar con tu ex novio mañana en la noche.
Supongo que ambos tenemos que hacer algo que no queremos para salvar al bueno para nada de tu padre.

CAPITULO 191



Tenía mis dientes apretados, y cerré los ojos. Mi novia había accedido a salir con su ex novio. Todo dentro de mí quería hacer un berrinche típico de Alfonso, pero Paula necesitaba al hombre por el momento. Actuando en contra de mis
instintos, decidí dejarlo pasar, y me incliné para besarla. —Muy bien. Te veré a la medianoche. Buena suerte.


Me volví, empujando mi paso entre la multitud, oí que la voz de Paula aumentó al menos dos octavas. —¿Caballeros?


Me recordó a esas chicas que hablan como niñas cuando trataban de llamar mi atención, con la esperanza de llegar a ser tan inocentes.


—No entiendo por qué tenía que hacer algún trato con ese tipo Guillermo —gruñí.


—Así podía quedarse, ¿supongo? —preguntó Valentin, mirando hacia el techo de nuevo.


—Hay otros casinos. Sólo podemos ir a otro.


—Conoce a la gente de aquí,Pedro. Probablemente llegó aquí porque sabía que si quedaba atrapada, no la iban a acusar a la policía. Tiene una identificación falsa, pero apuesto a que no tomaría mucho tiempo para la seguridad reconocerla.Estos casinos pagan precios altos a las personas que señalan a los estafadores,¿verdad?


—Supongo —dije, frunciendo el ceño.


Nos reunimos con Paula y Rosario en la mesa, mirando como Rosario reunía las ganancias de Paula.


Paula miró su reloj. —Necesito más tiempo.



—¿Quieres probar las mesas de blackjack?


—No puedo perder dinero, Pepe.


Sonreí. —No puedes perder, Paloma.


Rosario negó con la cabeza. —El blackjack no es su juego.

—Gané un poco —dije, cavando en mis bolsillos—. Tengo seiscientos. Los puedes tener.


Valentin entregó a Paula sus fichas. —Sólo tengo trescientos. Son tuyos.


Paula suspiró. —Gracias chicos, pero todavía tengo que ganar cinco mil dólares. —Miró su reloj otra vez y luego levantó la vista para ver a Guillermo acercándose.


—¿Cómo lo hiciste? —preguntó, sonriendo.


—Me faltan cinco mil, Guille. Necesito más tiempo.


—He hecho todo lo que puedo, Paula.


—Gracias por dejar que me quede.


Guillermo ofreció una sonrisa incómoda. Era evidente que estaba tan asustado de estas personas como Paula —¿Tal vez pueda hacer que mi padre hable con Benny por ti?


—Es el lío de Ruben. Le voy a pedir una extensión.


Guillermo negó con la cabeza. —Sabes que eso no va a pasar, Cookie, no importa con cuánto llegues. Si es menos de lo que debe, Benny va a enviar a alguien. Sólo quédate tan lejos de él como sea posible.


—Tengo que intentarlo —dijo Paula, con la voz quebrada.


Guillermo dio un paso hacia delante, manteniendo la voz baja. —Consigue un vuelo, Paula. ¿Me escuchas?


—Te escucho —espetó.


Guillermo suspiró y sus ojos se abrieron con gran simpatía. Envolvió sus brazos alrededor de Paula y luego besó su cabello. —Lo siento. Si mi trabajo no estuviera en juego, ya sabes que intentaría encontrar algo mejor.


Los pelos de mi nuca se erizaron, algo que sólo ocurría cuando me sentía amenazado y estaba a punto de dar rienda suelta a toda mi ira sobre alguien.


Justo antes de que lo abordara, Paula se alejó.


—Lo sé —dijo—. Hiciste lo que pudiste.


Guillermo le levantó su barbilla con su dedo. —Te veré mañana a las cinco. —Se inclinó para besar la comisura de su boca, y luego se alejó.


Fue entonces cuando me di cuenta de que mi cuerpo estaba inclinado hacia adelante y Valentin estaba nuevamente agarrando mi camisa, con los nudillos
blancos.


Los ojos de Paula se quedaron pegados en el suelo.


—¿Qué hay a las cinco? —Ardía en furia.


—Ella estuvo de acuerdo con cenar si Guillermo le permitía quedarse. No tenía otra opción, Pedro —dijo Rosario.


Paula miró hacia mí con sus grandes ojos afligidos.


—Tenías una opción —dije.


—¿Alguna vez has tratado con la mafia,Pedro? Lo siento si tus sentimientos están heridos, pero una comida gratis con un viejo amigo no es un precio alto a pagar para mantener a Ruben vivo.


Apreté mi mandíbula para cerrarla, negándome a dejarla abrirse para que las palabras se derramaran hacia fuera, lo que lamentaría más tarde.


—Vamos, chicos, tenemos que encontrar a Benny —dijo Rosario, tirando a Paula del brazo.


Valentin caminaba a mi lado mientras seguíamos a las chicas por el edificio del Strip de Benny. Era un bloque de luces brillantes, pero era como un lugar donde el oro nunca había sido tocado—y no pretendía hacerlo.Paula se detuvo, y luego se acercó a pocos pasos de una puerta verde grande. Llamó a la puerta, y sostuve su otra mano para evitar que le temblara.


El portero apareció en la puerta abierta. Él era enorme, negro, intimidante, y tan ancho como alto, con la típica Vegas sinvergüenza de pie junto a él. Cadenas de oro, ojos sospechosos, y una barriga por comer demasiado de la cocina de su madre.


—Benny —susurró Paula.


—Vaya, vaya… ya no eres el Trece Afortunado, ¿cierto? Ruben no me dijo lo llamativa que te has convertido. He estado esperando por ti, Cookie. Oí que tienes un pago para mí.


Paula asintió, y Benny hizo un gesto hacia el resto de nosotros. —Están conmigo —dijo ella, su voz sorprendentemente fuerte.


—Me temo que tus acompañantes tendrán que esperar afuera —dijo el portero en un tono profundo sorprendentemente fuerte.


Tomé a Paula por el brazo, girando mi hombro en una postura protectora.


—No va a entrar allí sola. Voy con ella.


Benny me miró durante un momento, y luego sonrió a su portero. —Es lo suficientemente justo. Ruben estará contento de saber que tienes a tan buen amigo.


Lo seguimos adentro. Continué con un firme control sobre el brazo de Paula, asegurándome de interponerme entre ella y la amenaza más grande—el portero. Caminamos detrás de Benny, lo seguimos hasta un ascensor, y luego bajamos cuatro pisos.


Cuando se abrieron las puertas, un gran escritorio de caoba apareció a la vista. Benny cojeó a su sillón de felpa y se sentó, haciendo un gesto para que tomáramos las dos sillas vacías frente a su escritorio. Me senté, pero la adrenalina fluía por mis venas, haciendo que me moviera nerviosamente y me agitara. Podía oír y ver todo en la habitación, incluyendo a los dos matones de pie en las sombras detrás del escritorio de Benny.


Paula se estiró para agarrar mi mano, y le dio un apretón tranquilizador.


—Ruben me debe veinticinco mil. Confío en que tienes la cantidad completa —dijo Benny, escribiendo algo en una libreta.


—En realidad —Paula se detuvo, aclarándose la garganta—, me faltan cinco mil, Benny. Pero tengo todo el día de mañana para conseguirlos. Y cinco mil no es un problema, ¿cierto? Sabes que soy buena para eso.


—Paulita —dijo Benny, frunciendo el ceño—. Me decepcionas. Conoces mis reglas mejor que nada.


—Por… Por favor, Benny. Te estoy pidiendo que tomes los diecinueve mil y tendré el resto para ti mañana.


Los ojos pequeños y brillantes de Benny iban de Paula a mí, y luego de vuelta otra vez. Los matones salieron de sus rincones oscuros, y los pelos de mi nuca estaban de pie otra vez.


—Sabes que no tomo nada a menos que sea la cantidad completa. El hecho de que estés tratando de darme menos de lo que es me dice algo. ¿Sabes lo que me dice? Que no estás segura de poder conseguir la cantidad completa.


Los matones dieron otro paso hacia adelante. Examiné sus bolsillos y cualquier forma bajo su ropa que gritara arma. Los dos tenían algún tipo de cuchillo, pero no vi ningún arma. Eso no significaba que no tenían un escondite en una bota, pero dudaba que alguno fuera más rápido que yo. Si necesitaba, podría alejarme de ellos y salir pitando de allí.


—Puedo obtener tu dinero, Benny. —Paula soltó una risita nerviosa—. Gané ocho mil novecientos en seis horas.


—Entonces ¿me estás diciendo que me traerás ocho mil novecientos en las próximas seis horas? —Benny nos sonrió diabólicamente.


—El plazo no es hasta la medianoche de mañana —dije, mirando atrás de nosotros y mirando a los hombres sombras que se acercaban.


—¿Q… qué estás haciendo, Benny? —preguntó Paula, su postura rígida.


—Ruben me llamó anoche. Dijo que te estabas encargando de su deuda.


—Le estoy haciendo un favor. No te debo dinero —dijo con severidad.


Benny apoyó sus codos gordos y rechonchos encima de la mesa. —Estoy considerando enseñarle a Ruben una lección, además tengo curiosidad de ver cuán suertuda eres, chica.


Instintivamente, salí rápidamente de mi silla, tirando a Paula conmigo. La tiré detrás de mí, retrocediendo hacia la puerta.


—Josiah está afuera de la puerta, chico. ¿A dónde piensas que vas a escapar?


—Pedro —advirtió Paula.


No habría más charla. Si dejo que cualquiera de estos matones me pase, lastimarían a Paula. La puse detrás de mí.


—Espero que sepas, Benny, que cuando me deshaga de tus hombres, no quiero ser irrespetuoso. Pero estoy enamorado de esta chica, y no puedo dejar que la lastimes.